práctica discursiva

dispersiones en la regularidad
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Donna Haraway – Ciencia, cyborgs y mujeres

Lectura de un capítulo del libro de Donna Haraway: Haraway, Donna, “Conocimientos situados: la cuestión científica en el feminismo y el privilegio de la perspectiva parcial” en Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza, Madrid, Cátedra, 1995.

A lo largo del texto se establecen dos identidades definidas por un “Nosotras” – mujeres a quienes se les prohíbe no tener un cuerpo o poseer un punto de vista o un prejuicio en cualquier discusión. Y un “Ellos” – científicos y filósofos masculinistas, aquellos que se posicionan en la “objetividad”.

La autora pone en cuestión la relación naturalizada entre las prácticas de conocimiento que se denominan así mismas como objetivas, y la masculinidad. En ellas lo femenino tomaría el lugar de lo subjetivo, lo interesado, aquello que no puede borrar su subjetividad en el proceso de conocimiento. En este planteo sostiene “se nos prohíbe no tener un cuerpo o poseer un punto de vista o un prejuicio en cualquier discusión”. No tener un cuerpo aquí es estar en un no-cuerpo habilitante de juicios objetivos. Read the rest of this entry »

Barthes y Foucault, sujetos y enunciados.

Lectura de “Las modalidades enunciativas” de Michel Foucault y “Critica y verdad” de Barthes, Roland, medios cruzados.

“El lenguaje no es el predicado de un sujeto, inexpresable, o que aquel serviría para expresar: es el sujeto” Roland Barthes, Crítica y Verdad.

La concepción de sujeto en Barthes niega el sujeto dueño de si mismo, autoconciente, y como conciencia productora. En la línea de Nietzsche, el hombre, los sujetos, no pueden ser productores de si mismos, voluntades en las que reside el poder de definición de si mismos y de las cosas. La perspectiva foucaultiana lo que nos permite pensar es los modos en los que dichos sujetos son dichos, no por si mismos, sino en y por el Discurso.
Este desplazamiento es el que habilita las preguntas de M. Foucault en Las modalidades enunciativas: siguiéndolo, no nos preguntamos por el sujeto que habla sino por su lugar en las relaciones establecidas mediante la enunciación en determinada situación enunciativa y dicho proceso producido en determinado régimen discursivo que supone reglas de funcionamiento, de relaciones y señala lógicas productivas. En este marco: “¿Cuál es el estatuto de los individuos que tienen – y sólo ellos – el derecho reglamentario o tradicional, jurídicamente definido o espontáneamente aceptado de pronunciar semejante discurso?”
El sujeto no es causa y origen del enunciado, mucho menos del discurso, sino que está inscripto en un sistema de reglas, de relaciones y diferenciaciones donde determinados enunciados son posibles de ser dichos, bajo determinados modos, y otros no. En El orden del Discurso, Foucault señala estos enunciados que son leídos como verdaderos en determinado orden o formación discursiva como estando “en la verdad”.
La formación discursiva define un estatuto dentro del cual un sujeto (en el caso del texto de Foucault, el médico) tiene una articulación con otros enunciados y sus modos de relación con el otro: “La palabra médica no puede proceder de cualquiera; su valor, su eficacia, sus mismos poderes terapéuticos, y de una manera general su existencia como palabra médica, no son disociables del personaje estatutariamente definido que tiene el derecho de articularla, reivindicando para ella el poder de conjurar el dolor y la muerte.” Pero tal posición del sujeto no está en relación a su voluntad, ni a un referente previo de carácter sustantivo, sino en relación a determinado régimen que instituye esa posición, su estatuto, y los ámbitos institucionales en los que se desarrolla.

Los sujetos, entonces, se relacionan con estas tres matrices. Por un lado, el Estatuto: el sujeto está en determinado orden discursivo, y tiene un lugar en ese orden que define su estatuto, su lugar en la clasificación -que no es más que una “violencia sobre las cosas” – la puesta en espacio del sujeto, la designación de su lugar a ocupar. En ese movimiento se define un dispositivo de poder, no como pura negatividad que reprime sino que en esa clasificación se produce el sujeto como tal, se define su identidad y por tanto su posibilidad de ser. La clasificación debe ser considerada como dispositivo de poder y como posicionamiento positivo del sujeto en el mundo. En segundo lugar los Ámbitos institucionales: de donde el sujeto saca su discurso, y donde éste encuentra su origen legítimo y su punto de aplicación, ámbito en el que determinadas enunciaciones son posibles de ser afirmadas como verdades. Finalmente, Posiciones del sujeto: los sujetos se definen igualmente por la situación que le es posible ocupar en cuanto a los diversos dominios o grupos de objetos: es sujeto interrogante de acuerdo con cierto patrón de interrogaciones explícitas o no, y oyente según cierto programa de información.

Para que el sujeto sea él en determinado discurso: “el médico es interrogador soberano y directo, ojo que mira, dedo que toca, órgano de desciframiento de los signos (…) es porque todo un haz de relaciones se encuentran en juego.” (negrita nuestra).

El lugar del sujeto en el discurso en el que es realizado está dado por un haz de relaciones puestas en juego en tal formación discursiva. Las modalidades de enunciación se renuevan en ese juego de relaciones. Este hacer actuar de manera constante ese haz de relaciones supone la repetición, los modos en que los elementos se relacionan unos con otros y las posiciones de sujeto supuestas en tales relaciones deben ser constantemente repetidas, constantemente revisadas y re-hechas, tal repetición es lo que en Butler inaugura la posibilidad de modificación de los regimenes implementados en determinada formación discursiva. Es porque el orden no se produce de una vez y para siempre, sino que se produce en actos, prácticas enunciativas en las que se hace actuar las posiciones de sujeto y sus relaciones entre si y con los objetos, que se corre el riesgo de que tales posiciones y modos de relación sean modificadas. El orden discursivo no sólo delimita las relaciones posibles sino que las sostiene en la repetición: “yo”, “yo”, “yo”, “yo soy hombre”, “yo soy mujer”, pero no sólo de modo individual, sino como proceso social, donde la presencia del otro es necesaria para la realización del orden del Otro: “Hola Roberto”, “que lindo el nene”. Instauran un sujeto posible, afirman mi identidad, me sujetan y me posibilitan tener una identidad y la constancia de ese haz de relaciones que se supone en el enunciado es condición fundamental de la unidad del yo, de una identidad.
De esta manera podemos pensar la materialidad del discurso, o el discurso como práctica. Es práctica en tanto “hace actuar” un haz de relaciones que bajo determinado orden discursivo son posibles y no bajo otro, son habilitadas, tienen “valor de verdad” en esa trama compleja de relaciones enunciativas.

Una cita larga para esclarecedora sobre qué entiende por sujeto Foucault nos puede ayudar a pensar las relaciones con la cita de Barthes:
“En el análisis propuesto, las diversas modalidades de enunciación, en lugar de remitir a la síntesis o a la función unificadora de un sujeto, manifiestan su dispersión. A los diversos estatutos, a los diversos ámbitos, a las diversas posiciones que puede ocupar o recibir cuando pronuncia un discurso. A la discontinuidad de los planos desde los que habla. Y si esos planos están unidos por un sistema de relaciones, éste no se halla establecido por la actividad sintética de una conciencia idéntica a sí misma, muda y previa a toda palabra, sino por la especificidad de una práctica discursiva. Se renunciara, pues, a ver en el discurso un fenómeno de expresión, la traducción verbal de una síntesis efectuada por otra parte; se buscará en él más bien un campo de regularidades para diversas posiciones de subjetividad. El discurso, concebido así, no es la manifestación, majestuosamente desarrollada, de un sujeto que piensa, que conoce y que lo dice: es, por el contrario, un conjunto donde pueden determinarse la dispersión del sujeto y su discontinuidad consigo mismo.” (negrita nuestra) Y más adelante: “No es ni por el recurso a un sujeto trascendental, ni por el recurso a una subjetividad psicológica como hay que definir el régimen de sus enunciaciones.”
Es precisamente esto lo que venimos tratando de destacar. El sujeto es en dispersión y por eso mismo debe ser sujetado, existe sobre él un constante intento de sutura. A partir de estas consideraciones volvamos a Barthes. El autor se pregunta por la definición de la “subjetividad del crítico”, en términos de Foucault tal pregunta sería la búsqueda por las posiciones de sujeto que tal actor tiene en el discurso crítico, por el estatuto ocupa en él, sobre aquello que implica dicho estatuto, en qué ámbitos institucionales despliega tal subjetividad y qué relaciones existen entre todos estos elementos. Como Foucault, Barthes niega que la relación del sujeto con el lenguaje sea la de un plano del contenido con un plano de la expresión. De allí “que toda escritura que no miente designa, no los atributos interiores del sujeto, sino su ausencia.” Este vacío, esta falta (con Lacan) es una falta estructurante. Del orden de lo Real, la falta insimbolizable, violenta, produce el intento de simbolización del cual se deriva aquello que el sujeto es para él, en determinado ámbito discursivo en el que se inscribe. Con Lacan como eje a partir del cual articular las conceptualizaciones (Foucault y Barthes) sobre el sujeto podemos afirmar que aquello a lo que Barthes se refiere como inexpresable es del orden de lo Real, insimbolizable, y es por tanto en el intento de llenar esa falta que el lenguaje aparece como lugar de constitución del sujeto. En el lenguaje el sujeto no será entonces un objeto exterior expresado sino parte constituida en y por el lenguaje. En este punto Foucault puede ser introducido, tales conformaciones de subjetividades están dadas por el Discurso como instancia en la que se articulan relaciones enunciativas que definen un estatus, un ámbito institucional y unas posiciones de sujeto.

Es aquello que intenta sanear tal falta lo que efectivamente produce la subjetividad. “Lo que arrastra consigo el símbolo es la necesidad de designar incansablemente la nada del yo que soy.” El sujeto cartesiano, el sujeto como origen, como voluntad y causa eficiente del sentido es reemplazado por el vacío, la falta. O mejor, es reemplazado por el intento de llenar esa falta.

En esta trama de los enunciados es donde los procedimientos de control y delimitación del discurso operan en juego con la multiplicidad del enunciado, su constante movimiento, su diversidad es puesta en orden, clasificada, en un intento de cierre jamás logrado totalmente. El sujeto, la subjetividad – mejor –, es efecto de sentido de este proceso. En tal proceso, el sujeto no puede ser sino predicado y nunca productor de predicado. Su identidad es producida en el lenguaje, la unidad del yo es producida y sometida a un régimen que lo atraviesa, lo sujeta, y el mismo tiempo le permite ser bajo esa sujeción – identidad.

Ley de donante presunto

Ley de donante presunto: sobre la performatividad del lenguaje y las articulaciones significantes en torno de la vida, el cuerpo y la voluntad sobre ellos.

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Mark Ryden – Colección Meet Show Mark Ryden web

Resumen

¿Qué es “lo vivo”?, ¿un individuo?, ¿un tejido?, ¿Cuántas células conforman la “vivacidad”?
A partir de estos interrogantes, nos proponemos analizar cómo se configuran las prácticas significantes en torno a establecer nuevos límites a los regimenes discursivos con respecto a la vida, el cuerpo y la “voluntad” sobre ellos.
Anclaremos específicamente en los discursos y creencias que circularon a partir de la sanción de la ley 26.066/05, por la cual se establece la condición positiva de donante de órganos para todos los ciudadanos argentinos – a menos que declaren lo contrario-.
Para su análisis consideraremos tales discursos performativamente, en tanto constituyen e instituyen cierto régimen que habilita o inhabilita la intervención estatal sobre el cuerpo de los sujetos, definidos en el documento de identidad como argentinos.
Es de este modo que, valiéndonos de conceptos y categorías tanto lingüísticas, como psicológicas y comunicacionales, no solamente analizaremos los desplazamientos en relación al sentido de la problemática de la donación de órganos, sino también qué tipo de sujetos implica esta nueva articulación de prácticas sociales.

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Introducción

El 6 de abril de 2005 entraron en vigencia los cambios a la Ley de Trasplante de Órganos y Tejidos 24.193, mediante la Ley 26.066, que contempla el consentimiento presunto para las donaciones de órganos. A partir de la sanción de esta ley todos los ciudadanos argentinos son donantes de órganos salvo que expresen su voluntad contraria.
Nuestro corpus estará constituido por la desgrabación de las intervenciones en el Congreso Nacional para la sanción de esta ley. Pero no se trata de establecer qué es lo que la ley genera, acciona, sobre los modos en los que una sociedad se define a si misma y a los sujetos que la conforman. Pues no es nuestra postura teórica suponer que un instrumento legislativo es el que define las enunciaciones con valor de verdad (Foucault, 1970) en torno al cuerpo, la vida y la muerte. Sino que de lo que se trata es del análisis de los enunciados que se formulan en torno a la sanción de la ley donde se prescribe un campo de emergencia o referencialidad –que no es lo mismo que referente- (Foucault, 1969), un régimen discursivo que delimita las enunciaciones que habilitaran o no la intervención sobre los cuerpos, de qué manera y operada por quién. En este campo de emergencia es que la ley se inscribe, pero más importante aún: donde las enunciaciones en torno de la sanción de la ley se inscriben con valor de verdad.
En este sentido, analizaremos las formaciones discursivas presentes en estas enunciaciones, rastrearemos los modos de funcionamiento del enunciado en ellas y estableceremos cual es la diagonal movil, el principio que organiza transversalmente todas las formaciones discursivas que, por nuestro análisis, identificamos en las superficies textuales.
El tratamiento de la ley en el Congreso y las enunciaciones en torno de ello en el espacio público nos abren la posibilidad de realizar un análisis que permita reflexionar en torno de los regimenes que instituyen “la vida misma”. Una serie de enunciaciones conforman una formación discursiva que define qué es “vivo” y cuales son las lógicas discursivas que se le aplican (prolongar la vida, apostar a la vida, etc.).
No pretendemos quedarnos en el nivel retórico, nos abocarnos a analizar los modos en los que las significaciones (como todas ellas sociales) juegan un papel central en la constitución de subjetividades y cómo en esta constitución de sujetos son relaciones de poder las que están en juego. La pugna en las significaciones por definir qué es lo que califica como vivo es el punto crucial del cual partimos. Read the rest of this entry »

mai 68

Acá van una serie de textos, artículos, reseñas de libros, imágenes, audios y videos sobre el Mayo Francés.

1. En lemonde.fr una crónica día por día de lo que pasó en Mayo del ’68. Está muy bueno, si tienen mínima idea de francés peguenlé una mirada, sino traducción online. También hay unos videos de Henri Weber hablando del tema, dirigente de la Juventud Comunista Revolucionaria.

2. Les dejo este link para ver posters del mayo frances:  http://expositions.bnf.fr/utopie/feuill/feuille5/findex1.htm

3. En el Radar de Página/12 salió una nota interesante. Read the rest of this entry »