Cabe preguntarse si no es hora, desde el progresimos citadino que querramos o no, transitamos, de cuestionar la relación actual entre Iglesia Católica Apostólica Romana y Estado Nacional.
El liberalismo democrático nos asiste: ¿por qué subvencionar una religión que tiene como practicantes a un número ampliamente inferior a la mayoría demográfica? ¿Por qué la libertad de culto sufre un nivel tan marcado de competencia desleal al sostenerse económicamente desde el Estado Nacional a un culto y no a otros? ¿Por qué no hay división entre Religión e impuestos?, es decir, ¿por qué aquellos que viven bajo la autoridad del Estado Argentino aportan con sus impuestos a la financiación de un Estado ajeno, menor y excluyente? ¿Qué sería de la Iglesia Católica sin la subvención estatal? Ya me siento un republicano pero: ¿por qué la totalidad de los pagadores de impuestos de la así llamada República Argentina, le pagan la educación a los hijos de Católicos de una manera diferenciada?
Pero la metonimia se aplica al verrez también, y esta pregunta va a pecar de inocente: ¿Por qué una minoría puede legislar para la mayoría? ¿Por qué la noción de vida, familia, amor, comunión, de la Iglesia Católica y sus aliados menores, debería ser la regla general para toda la población argentina? La pregunta se impone como pre-capitalista: ¿estamos acaso bajo el régimen de dos estados superpuestos? De lo residual y lo emergente poco, de lo arcaico quedó lungo.
El reconocimiento de derechos individuales se caracteriza por, estructuralmente, no imponen obligaciones. Los derechos sociales imponen obligaciones a, generalmente, el Estado, el sector Empresario y a algunos otros actores. Pero los derechos individuales sólo imponen una obligación, del estado hacia el estado, que se ve obligado a reconocer un derecho, una situación, un modo de nombrar, etc. mientras que el resto de los ciudadanos no ve afectados sus derechos individuales en caso de no optar por el ejercicio del, ahora reconocido, nuevo derecho.
Este eje atraviesa las discusiones sobre derechos individuales: aborto, drogas, matrimonio gay, eutanasia. No son puntos casuales, el primero y el último regulan qué es la vida, quién tiene una vida para sí y quién puede disponer de tal vida/muerte. Las dos centrales se refieren al periodo limitado por el nacimiento de un lado y la muerte de UN individuo como tal, del otro. Suponen, ambas, un sujeto centrado en sí, voluntarioso (pues tiene una voluntad que se impone a sí mismo), un sujeto que puede o no disponer de su cuerpo, de sus actos, de sus prácticas, etc.
Una ley que regule libertades individuales no impone ningún tipo de obligación para aquellos sujetos que se sujetan, subjetivan de manera primordial, en relación a cualquier tipo de culto. Nadie le está pidiendo nada a la minoría católica, pero menos aún se le está pidiendo que promuevan entre sus miembros las relaciones amorosas entre personas del mismo género.
Es un lugar incomodo la reivindicación de derechos individuales antes de la lucha por los sociales en el mapa político latinoamericano. La última dictadura militar más los noventa se han dedicado a tirar por tierra una gran cantidad de derechos sociales, sin embargo la contraparte individual no ha sido promocionada.
Uno de los problemas principales de la cuestión ronda en torno a la falta de configuración de un sujeto colectivo que bregue por la promoción de estos derechos. No quiero subestimar a LGTB u otras organizaciones, pero cabe destacar la falta de un colectivo que sostenga como bandera la lucha por derechos individuales, en general. No hay un partido político que lo incluya en su plataforma, no hay una ONG, no hay una Asamblea, que trabaje para la promoción de diversos y variados derechos individuales: a drogarse, a coger con quien se quiera, a morirse cuando se quiere, a disponer de su cuerpo, a planificar el nacimiento de un hijo, a casarse con quien se quiera. Pero peor aún, no hay una discusión sobre la relación entre derecho individual y Estado protector. Hace un mes, un Juez excusó a un motociclista de la obligación de usar casco puesto que estaba en su derecho individual de no hacerlo al no afectar derechos de terceros… básicamente: si te queres reventar la cabeza contra el asfalto sos libre de hacerlo y el Estado no tiene derecho a imponerte que cuides tu vida. No creo haya existido una discusión fundante para este tipo de situaciones, el Estado ha tomado con matices, un rol protector.
Es tal vez una discusión entre niveles de conservadurismo. Solicitar derechos individuales no debería ser, salvando algunas excepciones, un reclamo demasiado revolucionario y aún así parece serlo. Aunque sea por la satisfacción de verles las caras de horror a la paquetería porteña, a los chacareros en 4×4, a los comerciantes macristas… y tantos otros, al verse rodeados de putos de la mano, queriéndose y con sus hijos correteando en derredor en algún paseo dominical de un centro comercial. Imagen conservadora si las hay, la lucha por pertenecer a la familia puede ser una lucha radical, puede configurar nuevos modos de ser, puede hacer visible al otro y, cerca de los 30, eso es algo valorable. La ley de matrimonio igualitario tal vez sea un paso no sólo en la igualación de derechos, sino en la potencialidad de tornar posible otro tipo de comunidad.